martes, 17 de marzo de 2009

LUZ

Tiembla el rojo tras los párpados
ansiosos que se abren por fin. Calienta la voz
que se aproxima duende. Declama la curva
de un poema imposible.
Ignoro cuánto tiempo llevo sentada aquí.
El frío ha pasado. Mis huesos lo saben.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Peinetas

Mi hermano, que es gemelo mío y estudió Bellas Artes, me pidió que escribiera unos textos breves para ilustrar un librito que quería hacer el mismo con una serie de grabados basados en unos diseños de peinetas que había hecho durante un curso de diseño de joyas. Esto fue lo que me salió. Ha hecho diez ejemplares que él mismo ha encuadernado y uno de ellos ya está en mis manos. Me hizo mucha ilusión escribir para él aunque el tema fuera tan "curioso" y, en cierto sentido, complicado. Me gustaría conocer opiniones.





Peinetas

–I –

Artilugio impensable.
Espada de cinco dientes.
Cálido metal.
Envidiada celda.
Bajo tu loco reinado
brilla mi cautiverio.


–II –

Péiname la vida. Dulcemente
recógeme el amor que se me escapa.
Entre tus líneas imposibles
conténme.


–III –

Negro su pelo negro
sujeto hermoso
a tu alfiler esclavo.
Tan cerca de mis dedos su roce
Y sin embargo tan tuya.


–VI –

Una sombra de mujer transita
la noche. Baja la calle coqueta
con la mirada altiva.
Se detiene un instante
para recoger su bucle
en tu capricho. Taconeando
se adentra en el largo zaguán
y antes de llegar
a la cita esconde sonriente
su suerte en los bolsillos.

–V –

Al carey de su peineta
se asoma rebelde el rizo.
La mejilla encendida.
Rojos y abiertos los labios,
que sin decir dicen.
Y entre las manos sujeto
un abanico de temblores
que de cuando en cuando
despliega con su risa.



–VI –

¡Dulce encantamiento!
Precipicio claro que alumbra
mi caída. Después de tantos sueños
regresas intacta
hasta mi cuerpo sola.
Y te desatas el pelo.
Y te liberas de ella.
Y sobre la mesa abandonas
este puñal con el que cruzas
el tiempo hasta encontrarme.

martes, 24 de febrero de 2009

Pudiera ser que esta noche de carnaval antiguo todo se confunda, como una risa que al unísono estalla por fin en carcajada. Pudiera ser que esta noche de incógnitas y disfraces, de roces casi anónimos y temblores colectivos, tú llegases al punto de encuentro, así, sorpresivamente, sin saber cómo, ni por qué, ni para qué. Pudiese ser que esta noche de luna ausente el lobo estepario estuviera acechando tu locura y decidiera invitarte a su teatro exclusivo. Allí, en ese salón rodeado de estancias, tocaría una gran orquesta de jazz. En alguna mesa cercana a la tuya te parecería reconocerme. Dudarías un rato. Observarías mis ojos que recorren el salón y no te evitan. Sentirías entonces cómo mi ceja se arquea y te reclama. Te levantarías en un impulso sin sentido y te acercarías a mí sin disimulo. No te haría falta ya preguntar mi nombre. Tú sabrías que detrás de este antifaz estoy yo y mi pálpìto extraviado. Jugarías entonces a no reconocerme. Te presentarías como se presenta un extraño. Acercarías tu fuego a mi cigarro buscando disimuladamente coincidir con mi piel. Y sentirías un escalofrío idéntico al mío mientras la música se detiene y todos se marchan y nos quedamos tú y yo reflejadas en un espejo gigantesco que preside el salón ahora ya vacío. Nos daríamos el mismo tiempo que nos ha separado. Continuaríamos la noche calle arriba hablando en susurros para escucharnos mejor. Al abrir la puerta de casa, acudiría nuestro gato, que nos miraría quitarnos el disfraz y caer rendidas las dos en nuestro incendio.

jueves, 19 de febrero de 2009

Regreso con las manos extendidas. Llenas de incógnitas sonrientes que me recuerdan que sigo respirando. La lluvia cae insistentemente sobre el desequilibrante asfalto, pero si apunto al horizonte este arcoiris antiguo me enciende como a un niño que acaba de descubrir los colores del mundo. He estado escondida un largo rato. Conteniendo la respiración con la ingenua esperanza de que no me descubrieran. Pero ha sido inútil. Al final resulta que soy un tanto transparente o que mis zapatos han ido dejando un surco demasiado evidente. En cualquier caso, en este callejón sin salida el tiempo ha dado para mucho. Acorralada y herida, me he defendido de las sombras, propias y ajenas, creyéndolas enemigas. Hasta que les he rozado la piel, y en mi temblor he ido recordando...

viernes, 23 de enero de 2009

Es gracioso cómo el destino, lejos de venir a disculparse, se empecina en hacerme la puñeta. O tal vez sea cierto que a esta encrucijada he llegado yo solita; eso sí, un poquito empujada por las circunstancias. Es mi sino. Llegar a un callejón sin salida en el que no estoy sola. Es verdad que siempre fui una persona reservada. Que desde mi infancia opté por silenciar aquellas verdades que tenían que ver conmigo y que sin embargo causaban en los demás pequeñas catástrofes que a mí me parecían gigantescas y desproporcionadas. Esa desmedida me hizo entender que había cosas, determinadas, que podía evitar decir, primero porque realmente no me hacía falta contarlas y segundo, porque lo que para mí era normal, en los adultos requería una serie de explicaciones que aún hoy me agotan. Comprendo que fui una niña compleja, extraña, enredada en sus musarañas. Tal vez como cualquier niño. No sé. Entiendo que en ese sentido no he querido crecer. Que conservo a buen recaudo la llave de este cofre donde guardo las cosas que no quiero explicar o cuantificar ante nadie y que, reconozco, son una parte importante para llegar a conocerme del todo. Pero ese es el problema. Nunca he necesitado que me conozcan del todo, porque no sé, francamente, como uno puede resumir lo que es, lo que ha sido, cómo actúa, lo que sientes, en todo momento, sin que se pierda uno mismo en esa misma explicación. Sinceramente, siempre me pareció muy difícil describir mi emoción ante las cosas. Sin embargo, existen muchos lenguajes para hacerse visible.
Y ahora... Ahora estoy en este callejón.

miércoles, 14 de enero de 2009

He tardado en regresar. Y me cuesta rellenar estas líenas en blanco. Asomarme a esta ventana y saludar al día. Mostrar cómo estoy, cómo me siento. Mis últimas batallas. Los fracasos vitales que arrastro como retos. Inicio estas líneas confesdo que estoy en una gran encrucijada. Mis ojos no consiguen bordearla. No sé cómo enfrentarme a ella. Creo que empezaré dándole nombre. Miedo. Tengo miedo a dudar de lo que he vivido. Tengo miedo a hacerle daño. Tengo miedo a la costumbre. A la inercia. A seguir porque los años pesan. Tengo miedo a sentir otras cosas porque no me siento libre para ello. Por ahora, lo dejo aquí.
De resto, es éste un reecuentro querido.
Saludos a todos.

miércoles, 31 de diciembre de 2008



Para todos mis amigos blogeros, que han sido de los descubrimientos más magníficos que he tenido este año. De corazón.