martes, 15 de marzo de 2011

No me aferro a la tristeza. La dejo escapar, así, como quien suelta una cometa de muchos colores al viento en una playa querida. Alzó la vista maravillada, la sigo, la persigo, la alzo con mis manos a través de ese hilo invisible que la alimenta. Suelto con ella un poco de ilusión para que ascienda más alto, más bella, más imposible... Y se pierde en el horizonte, sin necesidad de despedirse.


Este mar quieto me agita. Tengo la mirada clavada en su invisible rumor. Mi cuerpo detenido huye del miedo a tu ausencia. Impronunciable la caricia que se pierde en esta distancia. Después de tanta distancia, nuevamente el silencio. Distinto. Siempre distinto. Como un peldaño aun más pronunciado. Pronuncio tu nombre.

domingo, 6 de marzo de 2011

He regresado del mayor de los olvidos. Me perdí la pista. Me extravíe. Terminé olvidando por completo cómo era mi paso, en qué esquinas tenía por costumbre detenerme para alzar la vista, el olor de mis sueños, la ternura de mis palabras, los años que mi alma quería cumplir, la música que podía componer, el amor que podía ofrecer sin renunciar.
Fui yo la que se obstino en esta carrera. La que empezó a huir creyendo que era de mí de quien tenía que apartarme. Está bien. Todo está bien. Todo tiene sentido. El extravío. La renuncia. El olvido.
Recuerdo. Soy la que soy. Transformada y antigua. Igual pero infinitamente distinta. La evolución de la esencia. El mar sigue siendo y yo respiro su sal recién salpicada. Esta noche es nueva y tan vieja, con sus deliciosas arrugas de tiempo que transcurre, y esta luna, mil veces repetidas, me persigue por primera vez. Es el juego. El juego de pararte y escuchar. Todo late. Nuevo. Me miro en otros ojos y sonrío. Soy yo esa niña? Soy yo ese animal libre? Soy yo ese reflejo que no busca respuesta?
En este olvido he olvidado el dolor, la herida, la urgencia, el desespero. He regresado a casa. A esta casa hermosa que me contiene y me expande. A esta casa sin paredes, sin techos, sin puertas que encierren. Lloro de emoción, de maravilla, de risa.
Aquí estoy. Me doy la bienvenida.

martes, 1 de febrero de 2011

No encuentro frente a mi casa el blanco castaño que recuerdo.
No veo caer sus hojas plateadas al suelo húmedo de un diciembre ya fugado.
Esa sonata se altera sostenida por el viento solo, y su paisaje, difuminado en mis ojos, vaga entre el sueño y el deseo, entre el ansía y el olvido, entre las palabras que callan y todos estos silencios que se mojan. A la lluvia cantan todos esos pájaros que dejo escapar...

domingo, 26 de diciembre de 2010

Procuro sacar algo bueno de mi fondo. Algo bueno. No tendría que ser tan difícil. Como de una chistera... Algo de magia... Ilusionismo... Meto la mano en la chistera hasta el fondo. No hallo nada. Ni palomas blancas, ni ases, ni conejitos blancos, ni cielos azules, ni sonrisas... Menos mal que no hay público... que hace tiempo que estoy sola y no como de esto.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

ELEGÍA A ENRIQUE MORENTE

El duende salta de la blanca cama a su pecho,
del pecho desnudo a su garganta,
y por la garganta seca libera quejidos,
quebrantos,
nombres,
desesperanzas
y un adiós que rompe el aire,
que quiebra el alma cansada.
Maldiciendo está su voz
la mala suerte que calza.

Le vela el duende la sombra
que lenta y sin tiempo escapa.
Ya no puede él empujarla;
atarla al presente que hasta ayer mismo
aguardaba; trenzarle una soga nueva
con sus viejas esperanzas
para que se detenga en el filo
de su navaja gastada.

Besos qusiera darle este duende
atormentado, al que le duele
el dolor de la muerte que lo llama.
Vestida de muerte sola.
Vestida de negra dama.
Tan fea está en su hermosura,
tan baja desde su atalaya,
tan tranquila en el reclamo que exige
el pago de saldos y cuentas
imaginarias.

Ladrona de alientos
-susurra el duende a su lado-.
Deja que se aproxime a su sueño
el olor de la mañana. Deja que su voz
despierte. Deja que sus ojos
canten.Deja que sus manos dibujen
en la noche de Granada el sonido de mis pasos
buscando el agua en la fuente,
la calle que callada esconde
la risa de muchas infancias,
el milagro del hombre que en mi herida
alimenta el hondo cantar de su raza.

Y ya no es duende el duende
sino ángel o hada.
Y ya no clava el puñal.
Y ya no exhibe la espada.
Ya no baja al ruedo
ni se baña en la plata
de esta luna que llorando
llena un vacío que espanta.
Pobre luna,
pobre duende,
pobre en su soledad Granada.

Por la cuesta del Albaicín va subiendo
el desconsuelo errante
en mudo llanto.
"Que se ha muerto el maestro Morente.
Que lo ha matado la muerte
callada".


* Con todo mi respeto al maestro

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Puede tener el extravío su propio sendero?