martes, 15 de julio de 2008

Mujer sin voz


He subido al punto más alto,
donde los cuerpos se suponen
líneas insalvables,
donde la tierra yace bajo tierra
y los bolsillos están llenos
de espejos
y billetes sin salida.

Un libro abierto


Has elegido una página
para abrirme en canal
este silencio antiguo
que me explica.
Has elegido el blanco
de una esquina
desde la cual susurro
palabras que no entiendes
y que yo necesito.
Déja que el viento
desordene el deseo
de encontrarnos.
Deja que este animal que nos devora
nos devuelva al tiempo
en que alguna vez fuimos.

Sinfonía

Sinfonía de labios latiendo.
Martes diecinueve sumerge
tortugas en los párpados,
tesis corregidas
desde la órbita de un lápiz,
y este deseo inquietante
de arrimar mi cintura
a tu cintura de bosque
en donde sé que he de perderme
como un animal nocturno
y sin memoria.

Lo que no soy

No soy una certeza, por mucho que pretenda acorralar la incentidumbre de este tiempo que se agota. No soy un alma que naufraga en el mar de los otros. No soy una soledad que huye. No soy el escondite de nadie. No soy aquella que imaginas, que inventas, que olvidas. No soy un papel en blanco en el que se pueda apuntar una cita en el mañana. No soy... lo que esperabas. No soy la niña que fui. No soy una mano que se cierra, un temblor que se esquiva, un beso frío que se entrega sin alma. No soy fácil. No soy un ángel de la guarda, ni un duende que juega con los sueños, ni un demonio que lastima y se alimenta del dolor ajeno. No soy una mala persona. No soy un espejo. No soy una cicatriz. No soy todo lo que quiero ser.

viernes, 4 de julio de 2008

Estreno luna



Estreno luna. Esta noche me siento un gato solitario que evita compañía. Sólo quiero mirarla; sentir que estoy cerca de su blanca lucidez. Mis entrañas lloran. No puedo evitar este exilio.

Cuando era pequeña estaba convencida de que la luna me perseguía los pasos. Allí donde fuera estaba ella, y yo mirándola cómplice. Hablando en silencio. Eso me hacía especial.

Las noches de luna llena eran el ritual de buscar lo imposible. Creía en la magia, en las coincidencias, en los encuentros imposibles... Sé que todo lo que viví fue cierto. Eso me hace especial.

Hay muchos seres especiales. He tenido la suerte de encontarme con muchos. Hermosos y casi todos solitarios.

Estreno luna. Tengo miedo como antes a lo que pueda pasar. Es un miedo veterano e ingenuo. "Esperar es estar de paso temblando por un rapto que no llega". No quiero esperar. Tiemblo. Me emociona tu blancura, tu tiempo detenido. Pérsigueme.

martes, 1 de julio de 2008

Lo que soy

Soy un silencio empecinado en sí mismo que a veces logra crecer y transformarse en sonido. Soy una ceja arqueada que interroga, una soledad que nunca se queda, que siempre se despide. Soy un asombro, una niña que juega con el mar y todos sus veranos y no quiere nunca que se oculte Lorenzo. Soy una risa que se muerde las uñas, un juego de palabras, un enigma demasiado evidente. Soy un animal antiguo que sueña con su luna, que corre tras otros animales parecidos y lejanos, solitarios y erguidos. Soy un gesto que tiembla. En ocasiones, soy hasta invisible. Y luego, sigo siendo. Un paso que se adelanta, una huella que retrocede tras su sombra. Un abrigo tejido con largos inviernos. La luz de un refugio que se divisa lejana. Soy una carta urgente que viaja en un viejo tren recorriendo un difícil paisaje que transcurre lento, sin prisas para nada. Soy una herida que se lame y sana. Soy un bolsillo lleno de viejos miedos y simples ilusiones. Soy una curva gravemente encendida con vocación de simple línea. Y luego, sigo siendo... la palma de una mano.

Ángel González



Ha sido una noche larga. Una noche a punto de parir su blancura total, rompiendo aguas sobre un cielo oscilante entre el azul y el gris, entre la calma y la tormenta. Ha sido una noche antigua, transitada por viejos fados y recurridas estrategias para irse a dormir y soñar bien, con la inconciencia plena, como deben ser soñados los sueños. Ha sido está una noche de magia repetida, de coincidencias casi imposibles, de efemérides olvidadas que rescato sin pretenderlo.
Navego a través del mar virtual de mi pantalla y llego a Pedro Páramo. Me detengo un rato en la mirada en blanco y negro de Juan Rulfo, tan extraños sus ojos como los cuadros de Frida, que señalan siempre una herida abierta en el mismo paisaje. Y no sé por qué extraño atajo termino en Ángel, tras muchos meses de certidumbre, de saber que su cuerpo ha muerto, depués de haber abierto una y otra vez su palabra sobre palabra y recrear mis instantes en su antología de vida, en esos poemas infinitos completamente suyos que yo también poseo. Entregados a él como una amante. Y escribía Ángel González en su cumpleaños que para vivir un año hay que morir muchas veces mucho... ¡Mover el corazón casi cien veces por minuto!
El 12 de enero este poeta, maestro, aprendiz cierto de la vida -como todos los que morimos una y otra vez mientras latimos- dobló las esquinas difíciles de Las Palabras que tanto amó y se adentró en el callejón de Los Silencios amados. Tranquilamente, disoviéndose en el aire cotidiano. Confuso, como todos nosotros.
Seguramente fuese una noche de luna casi harta, a punto de parir su locura, y el aire oliese a sur, a jazmín en la memoria, a camino despejado de certezas, a tango de despedida que, sin embargo queda temblando en la piel como un cante hondo que llama a su duende esquivo, que llega cuando quiere, cuando ya no se espera. Ese duende lorquiano que también visitaba a Ángel para asustarle lo cotidiano, para saltar sobre las sombras de la costumbre malsana, sobre el reino de la razón que nunca llora.
¡Mover el corazón al día casi cien veces por minuto! Mover el corazón sin miedo a que se rompa. Sin miedo, recuerdo: "La soledad es una farol certeramente apredeado, sobre él me sostengo". La soledad, mil veces maldita. Mil veces maldita y condenada. La soledad y el corazón latiendo casi cien veces por minuto. Todos los días.


(Escrito y publicado el 16 de junio de 2008)