Enero se inició rápidamente
en el ritual de buscarte
entre las páginas de este
calendario recién estrenado
que te citaba confusa para el jueves
aunque supiese que llegábamos acompañadas
de una luna que crece feroz
contra el tiempo.
Y yo con esa ambigua
impresión de adivinar
la trayectoria que tus manos dibujan
cuando surcan el aire y rescatan
silencios del color de un verano.
Un verano antiguo
que me mantiene viva
con su rumor de sal y vientos nuevos.
Enero estacionó su asombro
de largos abrigos,
tardes imprecisas,
grises desencuentros,
en esta calle antigua
que lleva tu nombre
y que yo no transito porque,
de noche,
mi sombra se ostina
en no encontarse
con esta soledad de siglos que me espera
y que ignora todo lo que he de decir
para poder explicarte.
Para poder descifrarme sin espejos...
La risa socorre esta inquietud.
Juego a ser un temblor
demasiado evidente
que no sabe qué hacer
con tanta despedida,
con este adiós
que no tiene principio,
como un fado que se lamenta
y suena
en su hermosa tristeza
a tango imposible.
(Me apoyo en el quicio de tu puerta entreabierta.
Pediré permiso antes de entrar.
Llamaré al timbre de tus días.
Concederé el olvido si es preciso)
Enero tiene el sabor de una mordida,
de una manzana roja
que se come a destiempo,
que devoro con la urgencia del hambriento,
del que hace siglos
que margina sus sueños
y renuncia a sus nostalgias,
exiliada de cualquier paisaje
que recuerde
cuánto se puede morir
dulcemente.
Y de vez en cuando
maullan las lunas
de mi memoria
y se llenan de nombres que un día
estuvieron confusamente
llenos con mi ausencia.
Este enero preciso
huele a lluvia retenida en las esquinas
de este deseo recién descubierto.
Este deseo que asusta
y se prolonga en el malva
de tus labios
en el vértigo de tu pelo cayendo
sobre la tarde roja,
en tus ojos de amanecer
que se cierran al sueño,
en las palmas de tus manos
que miran hacia arriba
como señalando todo lo que un día
importó.
(Me apoyo en el quicio de tu puerta entreabierta.
Pediré permiso antes de entrar.
Llamaré al timbre de tus días.
Concederé el olvido si es preciso).
Enero es sobre todo
una estación que termina.
La cita de este último café
que no te pido
y que me tomo a solas
mientras siento
cómo las mariposas
se posan en mi ombligo
y me confunden
con una planta que crece
empapada en tu aliento,
bajo tu sombra a salvo.
Tiernamente vencida.
Felizmente derrotada.
Sin ti,
pero contigo.
(Este poema lo escribí en enero de este año. En octubre volvió a mí y ahora lo he completado... si eso, en algún caso, es posible)
viernes, 24 de octubre de 2008
Meu fado meu
Mariza, una de las jóvenes y más rotundas realidades del fado. Una pequeña gran joya para disfrutar.
lunes, 20 de octubre de 2008
En algún lugar... (E.E. Cummings)
En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bellamente, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cuidadosa cayendo por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de tus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro
Ignoro tu destreza para ecrrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bellamente, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cuidadosa cayendo por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de tus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro
Ignoro tu destreza para ecrrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas
miércoles, 15 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
NO RECHACES LOS SUEÑOS POR SER SUEÑOS...
No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.
Pedro Salinas
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.
Pedro Salinas
miércoles, 1 de octubre de 2008
Octubre
Octubre ha entrado a matar. En una semana tan sólo mi mundo se modifica, se desmorona, renace, tiembla, se ríe, agoniza, se alza incrédulo, se interroga, no encuentra, busca, camina, late, se siente... Tengo miedo. Miedo de lo que no conozco. No tengo edad... Me he perdido. Miro la noche y encuentro esta noche de otoño, esta luna de otoño rotunda y creciente, y recuerdo su boca, su geografía, mi locura.
Exorcismo
Mi querida amiga, desde que he hablado contigo estoy buscando la fórmula del olvido para que la emplees con mi nombre, con mi alma, e, incluso, si fuera preciso, con mi torpe sombra. Ahora que me pongo a pensar sobre el tema (el olvido), recuerdo que una de las frases que solía repetirme hace años, en un ejercicio ingenuo de exorcismo, es que el olvido no existe, lo cual como sentencia es recurrente pero aleatoriamente incierto. He olvidado tantas y tantas cosas que un día me hicieron temblar: el olor a mar de los veranos de mi infancia; las calles y los juegos; los portales abiertos a mi soledad callada; las lunas persecutorias; los nombres que me nombraron y algunos cuerpos que buscaron en el mío poco más que una urgencia o mucho más que un disparate.Tal vez suceda que las leyes que rigen el olvido -me da la impresión- respondan a una lógica distinta a la que podamos emplear tú y yo para salvarnos, o cualquier otro ser que desee dejar atras sin más sus recuerdos selectivos, que a lo mejor son, precisamente, los que la memoria ha elegido selectivamente para almacenar a través de los siglos o simplemente de la vida. Quién sabe por qué, para qué... hasta cuándo. Y puede parecer que a veces uno olvida precisamente lo que desea retener (lo que piensa de importancia), y por el contrario recuerda lo que creyó enterrado, lo que parecía que no iba a tener regreso, ni como olor, ni como melodía, ni tan siquiera como sueño, ni adoptaría ya más nunca el escalofrío como alarma. Es posible también que uno se engañe (queriendo o sin querer), creyendo que su recuerdo ya no palpita, cuando simplemente está -por así decirlo-, descansando de sí mismo sabiamente, pero igualmente vivo, latente pero callado.¿Pueden los recuerdos tener silencios?¿Adónde se marchan los recuerdos para convertirse en olvidos?¿Por qué algunos sí que regresan de ese destierro? Y un buen día reaparecen inmaculados, vestidos de domingo, asombrosamente intactos, tan jóvenes como cuando se marcharon. Y llegan raclamando su parcela arrendada, sus arrugas de tiempo pensado, su dominio de pasillos y sombras, de lunas y escaleras, de jardines prohibidos y amaneceres temblorosos.Puede ser que se sientan con derecho a hacerlo porque simplemente aún les rendimos culto, y de alguna forma, callada, austera, empecinada, se les espera. Como se espera volver a ver a un ser querido que ha muerto, con una mezcla de incredulidad y esperanza. No sé. En tu caso, ya has librado demasiadas batallas contra esos recuerdos. Contra ese amor que no require de consistencia alguna para ser. Como una extraña planta que apenas necesita de la luz para continuar creciendo. Sobreviviente de todo, dibujando su propio paisaje, al que no llega nadie; al que seguramente nadie quiere llegar.Quisiera poder ayudarte a olvidar lo que no necesitas.Borrar de tu cuaderno de viaje cualquier rastro de este país cercano que soy yo.Pero nunca fui muy buena utilizando la goma; simpre preferí romper la página; cambiar de libreta.Tal vez la táctica y la estrategia -como decía Benedetti- sea avasallar al recuerdo con su propio recuerdo.Puede ser que todo aquello que te empecinaste en desterrar se convirtiera en tu aliento. Amiga mia, que bueno sería que pudieras reírte de este amor como este amor se ríe de tu olvido. En todo caso no crezcas a la sombra de este arbol. Descansa y busca su refugio cuando refugio te falte, y levántate cuando estés preparada. Sin demora prosigue tu camino. Aunque me pese y por mucho que se me haga imposible el olvido.
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